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DESTRUCCIÓN DE LA CAVERNA DEL ÁGUILA (Soriano, Uruguay)

Ateneo de Montevideo

DESTRUCCIÓN DE LA CAVERNA DEL ÁGUILA (Soriano, Uruguay) - LA QUE FUE LA GRUTA DEL ÁGUILA

Algo sabíamos de la gruta, conocida también bajo las denominaciones de "Casa de Piedra" y "Palacio de Piedra". 

Una curiosidad natural nos llevó a las tierras de Soriano para ver y estudiar la famosa gruta. Más nuestra sorpresa y disgusto fueron tremendos cuando pudimos comprobar que había sido totalmente destruida con objeto de utilizar su piedra como soporte de las vías del ferrocarril y como afirmado de la carretera. Quedamos ante sus restos largamente anonadados, por la   torpeza de quienes destrozaron y vendieron la hermosa roca de la gruta, esculpida y labrada por los siglos; y la incomprensión de quienes la compraron pues en unos y otros predominó un grosero sentido práctico merecedor de la unánime censura, más aun si se piensa que hay en aquellos lugares cerros enteros del mismo material. Con lo poco que se ha salvado y con lo mucho que oímos decir, tratamos de reconstruir, siquiera en sueños  de la fantasía aquella magnífica arquitectura de la naturaleza. Imaginad un cerro de poca elevación, en forma de un lento cono truncado, que se eslabona a una serie de pequeñas alturas de la Sierra del Águila. Frente a aquel cerro y otros hermanos geológicos, se ahonda un valle de fresca y espaciosa concavidad, y detrás de este otra vez se observa una hilera de colinas de curvas serenas. De oriente a occidente corre el arroyo Del Águila, abriendo un profundo tajo azul en los pastizales jugosos.  Allí están sus nacientes, y sus aguas viborean la profundidad del valle para ir luego a perderse en el río San Salvador.... Visto desde la parte baja del terreno, ante su frente sur, el Cerro del Águila donde es dable observar unas desgarradas rocas y debajo de ellas el plano inclinado de la "Casa de Piedra", hoy invadido de limo y matas.     El contorno de la cueva debió ser de 400 a 500 metros. El techo, prolongación del plano superior del cerro, tenía un l ½ metro de espesor, y estaba sostenido por innumerables columnas dispuestas caprichosamente, dentro y en el borde de la gruta y muy próximas unas a otras.     Aún pueden observarse a ras de tierra las redondas cicatrices de esas tronchadas columnas.     La altura del palacio, y con ella, la de sus magníficos soportes, iban creciendo de adentro afuera, desde 4 a 8 metros.... La profundidad mayor podría ser de 60 metros a 70 metros.... Todo el conjunto de aquella máquina arquitectónica estaba tallado en asperón rojo, rica en hierro, matizado en mil variantes, que, aun hoy en las ruinas y despojos de tanta grandeza, sorprenden y encantan la pupila. La intensidad cromática era tan radiante que la gruta parecía vivir. A la luz del sol, el geológico templo surgía como un incendio estilizado por los ocultos poderes de un mago enamorado de la belleza. Más la entrañas de la caverna, eran, dibujadas de verdinosos musgos flecada de helechos abiertos en vivos abanicos.....    

El agua entraba por mil grietas, repiqueteando en los charcos del piso o saltando entre las escalas caprichosas de la roca y las dispersas y pulidas piedras. El efecto era de una suave y velada sinfonía de cristales.     Por la noche los sapos golpeaban sus guturales crótalos, las ranas recónditas rozaban con el arco de su aliento los mojados violines de sus gargantas, y los grillos rayaban en sus élitros agudos e isócronos metales.

Alguna víbora civilmente enfriaba de pronto los sonidos, más luego todo retornaba a la entrañable música de la vida.     Durante el día escapaban por entre los labrados pórticos los animales más frecuentes en nuestros campos:  zorrinos, comadrejas, apereas, víboras, culebras y lagartos... El benteveo enfilaba en su pico las cuatro notas de su canto. El tero que aún frecuenta las ruinas de la gruta, articulaba vigilante su parco silbario....     Cuando las filtraciones de la caverna eran copiosas, el agua remanente huía al campo en graciosa y lúcida fuga, esponjando las sedientas raíces de las gramillas, de los cardos, del trébol, de la carqueja, de la bardrana, del macachín.     Quien bordease la columnata exterior, de pronto se encontraba con la PASADA EDAD, pues era frecuente encontrar puntas de flecha, bolas arrojadizas, mazas guerreras, cuchillos raspadores y morteros, obras de piedra talladas en fuerte sílice por los indios que acaso por la protección de la Casa de Piedra , buscaban refugio en aquella serranía. Verlas, tomarlas y sentirlas era provocación de aquel Uruguay de los Chanás y los Charrúas.  

 

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