
Por Lic. Rafael Ogando 2007
Existe en el Dpto. de Cerro Largo una serie de cuevas ó salamancas conocidas,
algunas de ellas, sólo por los habitantes locales.
El Centro Espeleológico Uruguayo Mario Isola está abocado al desarrollo del catastro
nacional de cavernas, lo que posibilitará, además de su conocimiento, la protección
del patrimonio subterráneo uruguayo.
Por este motivo una vez más el C.E.U.M.I. formó un grupo interdisciplinario de
trabajo de exploración y relevamiento de las cuevas de Cerro Largo, en Abril
del 2007, lográndose aumentar considerablemente el conocimiento sobre el tema,
tanto en cantidad como en calidad.
Se recorrieron algunas ya conocidas, pero sobre todo se llegó a otras de las
cuales sólo se tenían datos erráticos de su existencia.
Ahora sabemos de la importancia y potencial que encierra esta región en cuanto
a cavernas refiere, lo que lleva a este autor a pensar que recién se empieza.
El fenómeno de disolución que provoca el encavernamiento ocurre solamente en
el filón carbonático. Su color es gris oscuro bandeado con tonos más claros y
son en realidad calizas metamórficas pertenecientes al Grupo Lavalleja-Rocha
del Proterozoico superior.
Son metamorfitos de grado medio-bajo de una secuencia de sedimentos costeros
de plataforma.
Se da una sucesión lógica de diferentes rocas metamórficas que corresponden a
una gradación de mayor a menor, desde arenas silicoclásticas hasta lutitas y
que termina en carbonatos.
Por lo tanto las bandas vecinas a las calizas metamorfizadas corresponden a pizarras,
esquistos sericíticos, filitas y cuarcitas, con creciente resistencia a la meteorización.
Se puede observar entonces que todo el paquete responde geomorfológicamente dando
escarpas donde la parte más baja, es decir el pie de escarpa, son las calizas.
Como topográficamente ocupan las zonas deprimidas son lógicamente las más húmedas.
La edad geológica del metamorfismo de la Fm. Lavalleja-Rocha se establece entre
los 580 a 650 m.a. , es decir es lo que se denomina la faja orogénica del ciclo
Moderno ó ciclo Brasiliano (en comparación con el resto del territorio nacional
con edades de zócalo cristalino superiores a los 2200 m.a.), y corresponde al
ensamblaje del Supercontinente del Gondwana (Gran Tierra del Sur).
La ocurrencia de los encavernamientos parece tener un vínculo directo con la
vegetación.
Cada boca de caverna se encuentra dentro de un monte espeso pequeño a modo de
islas en una pradera abierta. Pero a la vez todo el conjunto ocupa una depresión
más ó menos acusada respecto al nivel general del terreno. Estamos hablando de
1 a 2 metros de profundidad máxima en el centro de la concavidad.
En ciertos sectores se suceden abundantemente estas manchas arboladas generando
un mosaico alargado, en vista aérea, de color oscuro sobre fondo verde claro.
Ahora la pregunta debe ser ¿cuál es el secreto de este vínculo?.
El recorrido por el campo nos brinda una idea de cuál sería el mecanismo.
Se encuentran pequeñas depresiones, de no más de medio metro de profundidad y
poco diámetro, donde algún arbusto está creciendo. El hecho que sea allí donde
crece indica humedad suficiente, incluso en períodos secos, que permite la supervivencia
del árbol. Es la diferencia entre la vida y la muerte, con respecto a su entorno
inmediato, para plantas de mayores requerimientos hídricos que las especies del
tapiz de pradera circundante.
Pareciera que ese fue el origen del proceso. Los deshechos de hojarasca acidularían
el medio con ácidos orgánicos resultado de su descomposición y ésto provocaría
una aceleración del proceso de disolución del carbonato de calcio en forma localizada.
Debe notarse que el sustrato calcáreo sumado a una cobertura vegetal tipo pradera
genera suelos móllicos con tendencia a la neutralidad, y es por eso que la implantación
del primer árbol, en la depresión a la que se hacía referencia, hace posible
el viraje del pH hacia la acidez actuando entonces como realimentación positiva
para la disolución de la roca base. En una segunda etapa aumenta el número de
plantas y por ende su aporte orgánico al suelo. El fenómeno se da durante todo
el año, son especies autóctonas perennes de monte de sierra, acelerándose entonces
enormemente el proceso cárstico, ahora mayormente de acidólisis orgánica.
El flujo de agua acidulada se mueve por los planos de estratificación, esquistocidad ó diaclasamiento,
según sea el caso, por lo general una combinación de todos, solubilizando sus
paredes y dando lugar al encavernamiento.
Por lo tanto cada vez que se da este agrupamiento anormal de árboles en el paisaje
encontramos una boca de entrada al sistema de acueductos. En realidad debí decir
no común en otras litologías, aunque sí en el filón carbonático.
Las más importantes entradas que pueden superar los 3 metros de diámetro sólo
se justifican como vías de evacuación de torrentes esporádicos fruto de grandes
lluvias, por lo menos con el actual clima. Téngase en cuenta que se conoce la
ocurrencia de un Optimo climático hace 5 ó 6 mil años atrás para esta región.
Cabe decir que la depresión circundante a la boca de las cavernas puede tener
en algunos casos muchos metros de envergadura en planta, por lo que son verdaderas
dolinas, aunque todavía distan mucho, por lo menos los descubiertos hasta el
momento, de los extraordinarios cenotes yucatanenses.
De la observación directa en el campo surge el hecho de que hay casi una correspondencia
biunívoca entre el agrupamiento de árboles en islas ("monte isla") y la entrada
a una caverna.
Los montes isla varían en dimensión desde 2 ó 3 metros hasta 20, y dentro se
percibe un aconcavamiento del terrreno que guarda relación al tamaño del sistema,
pudiendo en algunos casos profundizarse la depresión hasta 2 metros. En todos
los casos se encuentran aperturas al sistema subterráneo, aunque, por supuesto,
las que revisten interés espeleológico son las menos. Pero, por la abundancia
de montes isla que se registran en algunas áreas, las salamancas importantes
no son pocas.
Comúnmente las cavernas tienen múltiples entradas. A veces camufladas debajo
de una maraña de ramas caídas y entrelazadas reteniendo importantes cantidades
de hojarasca a modo de filtro, dándose un fenómeno de sedimentación y relleno
que atenta contra la libre circulación del agua.
Es lógico suponer que no todas las entradas funcionan como sumideros al mismo
tiempo, alternándose en la medida en que las ramas ceden por putrefacción.
Como dato interesante hay que decir que es posible ver corrientes de agua superficiales
que se pierden bruscamente en un punto, por caída en un sumidero, no sin generar
un ruido característico.
Se ha constatado, en uno de los casos estudiados, que la boca de la caverna era
tan sólo una de las entradas a un curso de agua que fluía ya desde otra fuente
y que terminaba desembocando en un arroyo abierto. Esta cueva, que desarrollaba
una extensión de casi 60 metros, permitía el ingreso de una persona erguida holgadamente
en aproximadamente la mitad de su desarrollo, mientras que en el resto igualmente
posibilitó su exploración, aunque ya sí únicamente con técnicas espeleológicas
adecuadas.
Es de suponer que este comportamiento de interconexión es lo habitual, aunque
es muy difícil de comprobar directamente puesto que la mayoría de estos acueductos
no poseen el porte que permita nombrarlos propiamente como cavernas.
Estamos en la región de las nacientes del río Tacuarí en un caso y del Fraile
Muerto en otro. Será que sólo se trata de la aparición en superficie de aguas
que ya hace una buena distancia son un curso constituído subterráneo.
Nota: El caso particular mencionado antes, que fue el sistema de cavernas más
grande de las estudiadas hasta ahora, está asociada a un monte serrano-galería
de importantes dimensiones que acompaña al arroyo destinatario. El curso de agua
corre bordeando la escarpa también en un cauce generado por disolución.
Seguramente el fenómeno que provoca formas cársticas no se agota en estas pocas
observaciones llevadas a cabo hasta el momento. La litología de calizas metamórficas
de la Fm. Lavalleja-Rocha alcanza decenas de kilómetros de largo, aunque sí siempre
en bandas delgadas relativamente hablando, lo que resulta extremadamente promisorio
para la investigación espeleológica.
Sabemos que en tierras brasileras, que también desarrollan esta litología, existen
registros de enormes salamancas. Seguramente ayudado por la mayor temperatura
promedio de esos climas.
Ahora conocemos, al menos, uno de los fenómenos asociados a estos procesos, el
de los montes isla, y sería bueno utilizarlo en rastreos por fotografía aérea
de posibles prospectos.
Nota: Por encima de las calizas y en forma discordante erosiva yace un paquete
de areniscas conglomerádicas con colores de oxidación que contienen clastos sin
redondear de varias litologías diferentes correspondientes a todos los metamorfitos
mencionados incluyendo los carbonáticos, pero también aparecen clastos graníticos.
Parecen tener muy mala selección en el tamaño de los clastos, que llegan a ser
a veces bloques, pero siempre matriz sostén en una arena arcósica de grano grueso
a medio. Seguramente son depósitos de torrentes fluvio-glaciares correspondientes
al Pérmico, Fm. San Gregorio-Tres Islas, que pertenecen a los sedimentos del
Supergrupo Gondwana.
Agradecimientos: Me resulta ineludible el agradecimiento al Sr. Lázaro Ortiz,
en cuya propiedad nos enseñó la gran caverna mencionada antes, y sobre todo al
Sr.Carlos Rodriguez y su hijo quienes nos recibieron y alojaron en su establecimiento
además, claro, de aportar datos más que importantes para la ubicación de cuevas,
y ni que hablar de otras charlas sin desperdicio.
También destacar el buen clima de trabajo y compañerismo de los componentes de
este grupo de investigación cuyos nombres aparecen ahora y entre los cuales me
incluyo Eduardo Villagrán, Martín Bessonart, Pablo Piriz, Livio Incatasciato,
Rafael Ogando.