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Revisión analítica de la Fm. Asencio desde una perspectiva edafo-geomorfológica. |
| por Rafael Ogando. 2001 |
| Ordenando un poco las ideas: | |
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---- La Fm. Asencio tiene en su techo una cementación férrica producto de la desecación del territorio en el período seco anual. ---- Las enormes cantidades de hierro debieron ser aportadas desde otras regiones puesto que el material madre de esta formación no tiene características mineralógicas adecuadas. ---- Se desarrolló un proceso edáfico tropical que le habría permitido llegar a la fase de suelos ferruginosos, pero no más allá. Recordemos que un material de base ácida como éste, en un clima tropical húmedo sin período seco, debió evolucionar hasta el estadio de suelos ferralíticos y dejar evidencias tales como grandes espesores de caolinita ó en su defecto gibsita secundaria, aprovechando el hecho de que las corazas formadas a nivel del horizonte B preservaron todo el perfil. ---- Evidencias de hidromorfía locales, del tipo plintitas, indican que este suelo rico en sesquióxidos, al menos localmente, sufría anegaciones. ---- Por otra parte, las corazas hablan a las claras de enormes aportes de aguas laterales portadoras de hierro, y su endurecimiento sólo es posible con una fuerte evaporación, propia de la temporada seca.
Estas consideraciones pintan un ecosistema, salvando distancias, parecido al Pantanal, los Llanos Venezolanos, el Okavango, el Serenguetti, es decir de sabana, que a la vez linde con regiones más húmedas capaces de soportar un bosque lluvioso, responsable de poner en suspensión y movimiento el hierro que vemos en las corazas. Hay que agregar que el hecho de que los niveles ferrificados estén en plena formación no evita que funcione superficialmente un suelo, pues el mecanismo de acumulación férrica se da a nivel del horizonte B. Aceptando un paisaje de sabana, parecen encajar perfectamente los véspidos solitarios, coleópteros y otros insectos, de los cuales hay abundante evidencia, y que no eran muy lógicos en un ecosistema de selva tropical lluviosa. Así lo creen Gonzalez et al. (1998) quienes los asocian a una paleoecología de comunidades herbáceas. Goso (1999) recoge la idea y ya habla de clima tropical sub húmedo con paisajes de "pradera". Cabe aclarar que una "pradera" sensu strictu es una fitoasociación que incluye sobre todo la Familia de las Gramíneas, que como bien se sabe hicieron su aparición recién en el Mioceno, por lo que resulta impropio el uso de este término cuando se habla de ecosistemas más antiguos.
Como se dijo en algún momento, la formación de las costras férreas se explica por desecamiento del terreno impregnado de aguas cargadas de hierro ferroso y/ó complejado, y las curiosas formas de columna que aparecen en la Gruta del Palacio, conectadas con la coraza a modo de techo, no deben explicarse, según nosotros, como el sitio por donde ascienden las aguas, sino como el lugar por donde pudo penetrar el aire más profundamente. Por supuesto que esto no deja de ser una hipótesis, pero a partir de que se puede ver que las columnas no son homogeneamente ferrificadas sino sólo periféricamente. En realidad son tubulares, en donde el espesor cementado de la pared es muy variable, tanto a lo largo del perímetro como en la vertical, con valores entre 5 a 20 cm. de espesor. El interior está compuesto por el mismo material del exterior, la litología normal de Fm. Asencio, con un salpicado de núcleos ferrificados de 2 ó 3 cm. de diámetro disperso en la masa. Esto es así tanto en el interior como el exterior de la columna. Lo que sucede es que la erosión, en determinados lugares con un frente activo, excava por entre ellas y por debajo de la coraza retirando el material friable. El resultado es que se transforman literalmente en pilares soportando el peso del estrato acorazado. Los núcleos ferrificados dispersos en la masa también se distinguen en el nivel ferrificado superior a pesar de que el cemento que los une es de igual naturaleza. Obviamente son resultado de hidromorfismo que en la bibliografía se conoce con la denominación de "plintitas". Ford lo reconoce plenamente como el nivel inmediatamente inferior a las corazas. En parajes cercanos a la Gruta del Palacio, en donde el carapacho aflora desnudo, sin suelo por encima, y a la vez es posible seguir su desarrollo vertical gracias a escarpas de erosión, se pueden observar depresiones en el techo que se transforman en profundidad en columnas. Esto lleva al presente autor a pensar que existe un vínculo entre un esfuerzo compresivo y la posterior mejora de la aireación, posibilitando estas curiosas formaciones. |
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En forma tentativa se plantea un mecanismo como el del esquema: |
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Otra idea a manejar es la de posibles grietas de desecación favorecidas por cierta proporción de arcillas expansibles en el perfil. |
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Es tiempo de especulación; las columnas ferrificadas de Fm. Asencio son un misterio. Dar vía libre a la imaginación más de una vez resultó útil y aprovechando la situación nos viene a la mente algunas preguntas interesantes: ¿Cuáles son los lugares seguramente concurridos por la fauna en época de sequía en la sabana? Los pozos, zonas deprimidas que son las últimas en secarse y en donde además el suelo seguramente sufre procesos hidromorfos, como por ejemplo plintitas. Éstas se ven siempre asociadas a las columnas de Asencio y a su entorno inmediato, pero no son persistentes en todos los sectores de la formación. Bueno, entonces es perfectamente posible que lo que vemos sean huellas de animales pesados ó sus efectos. Si por otra parte, aprovechando la falta de certeza en la edad de la formación, volvemos a lo que se había manejado de una posible edad Cretácica tardía, y siendo aún más osados en la especulación, quizás sea entonces el último registro del tránsito de los grandes dinosaurios por estos pagos del vestigial Gondwana. Retomando la discusión seria, ó mejor dicho formal del problema, vamos a analizar el comportamiento del hierro como ión móvil (extraído de Duchoufour). |
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No es cierto que el hierro se mueva por el sólo hecho de estar reducido, no basta. Cuando los niveles de Eh se hacen suficientemente bajos, por ejemplo debido a anoxia en terrenos saturados de agua, el hierro libre se reduce. El nuevo estado de oxidación en realidad no varía sustancialmente la movilidad del ión con respecto a su inmovilidad total anterior. A pH 6,5 ó superiores el hierro ferroso es practicamente insoluble. Está bajo la forma de carbonato ferroso Fe C O3 con un KPS característico muy bajo. Si existe actividad bacteriana capaz de liberar suficiente cantidad de CO2 , entonces parte del hierro pasa a la forma bicarbonato mucho más soluble, y con cierta capacidad de migración, sobre todo concentrándose en manchas que se oxidan y concrecionan cuando el nivel se airea mejor por descenso de la napa de agua (período seco). Fe C O3 + C O2 + H2 O = Fe(H C O3)2 2 Fe(H C O3)2 + O + H2 O = 2 Fe(O H)3 + 4 C O2 Otra propiedad interesante del hierro es que cuanto más ácido es el medio, más fácil se reduce, aceptando niveles de Eh más altos para pasarse a Fe 2+ . Pero para que verdaderamente se mueva debe ser soluble. Cuando el medio aporta materia orgánica, por ejemplo ácidos orgánicos de bajo peso molecular (ácidos fúlvicos) entonces se logra todo, pH bajos y además un agente complejante del hierro con cualidades de solubilidad altas. Ahora sí el Fe 2+ es capaz de formar parte de las aguas móviles que abandonan el perfil del suelo y migrar; pero la capacidad complejante no se limita sólo al hierro reducido sino que tambiém es igualmente válida para el Fe 3+ . Nótese que en climas áridos en donde por supuesto no existió una desbasificación previa del material por falta de agua en el ciclo, el pH sería alto y el hierro no se reduciría, pero además los ácidos fúlvicos tendrían una vida útil como complejantes muy corta. Eso suponiendo que vinieron de otro sitio pues allí mismo nunca se hubieran formado. Por lo tanto la distancia recorrida por el hierro sería mínima, de ninguna manera compatible con el tamaño de la Fm. Asencio. Son malas noticias para la tesis de Lambert. ¿ Qué se puede decir de las plintitas que se ven asociadas a los sistemas columnares de la formación ?. Parecen ser el resultado de una segregación local de hierro por hidromorfismo, característico de suelos sobre roca ácida y clima tropical contrastado. Así se posibilita la reoxidación del hierro segregado, que no puede ser mucho debido a la pobreza inicial del material y porque además aún persisten sin alterarse buena parte de los minerales primarios del sedimento. En cambio el hierro formador de la coraza y también de la pared tubular de las columnas responde al proceso de "acumulación absoluta", que es un mecanismo lento (miles de años) y progresivo, produciendo el engrosamiento del carapacho hacia arriba y pudiendo ser el área de aporte muy distante geograficamente (Duchaufour). Esto parece lógico puesto que semejante cantidad de hierro no podría provenir de la mineralogía pobre en ferromagnesianos de los sedimentos de la Fm. Asencio. NOTA: Un suelo como el que funciona hoy sobre la cuesta basáltica, que corresponde a un clima templado sub húmedo y cobertura de pradera (mollisol), está produciendo desilificación, pero no así movimiento del hierro. Permanece en el complejo del suelo integrando las estructuras de complejos órgano-arcillosos de diferentes clases. Las aguas drenadas de la región sólo tienen sílice disuelta, así lo atestiguan las propiedades silicificantes de la cuenca media y baja del río Negro. Esta realidad puede servir para visualizar la diferencia temporal entre un fenómeno enriquecedor de sílice y otro posterior ferrificante, si suponemos por ejemplo una evolución hacia un clima tropical húmedo. La evidencia de caolinita en el perfil descrito en el cerro Vera nos hace pensar que sí se llegó a la fase de suelo ferruginoso. Pero el hecho de encontrar minerales primarios distintos de Qz, aunque en bajas proporciones, excluye la posibilidad de evolución mayor. La caolinita, según Ford, sería autígena aumentando su proporción relativa y grado de cristalinidad hacia el tope de la formación. Ahora bien, un estadio intermedio de suelo tropical como el tipo ferruginoso, sobre material ácido, perfectamente puede llegar a la etapa de formación de caolinita y además posibilita su coexistencia con minerales primarios aún sin degradar totalmente. Muchos geomorfólogos asumen de hecho que las corazas de meseta son características de los morfosistemas de sabana, en donde el suelo es tipo ferruginoso. Éstos evolucionan a suelos ferralíticos ó ferralitas a medida que se pasa a regiones con período seco cada vez menos significativo, es decir al sistema morfogenético de selva ó bosque tropical lluvioso. Vale la oportunidad para aclarar que es difícil colocar la línea divisoria. Se trata de mecanismos similares en donde la limitante resulta ser lo prolongado de la estación seca. Es en definitiva cuánto tiempo soporta el ecosistema de bosque sin recibir lluvias. Se genera un gradiente de densidad arbórea, así como una selectividad de especies cada vez más adaptadas a la sequedad. Una estrategia que se observa dentro de la zona propiamente selvática frente al período seco (si bien existe, su duración permite todavía la existencia del bosque) es el "otoño estival", en que los árboles pierden buena parte de su fronda para disminuir la evapotranspiración. Entonces, deberíamos decir que las corazas son la expresión morfogenética de todo el sistema en funcionamiento, que se materializa físicamente en la periferia seca del territorio, la sabana. Pero el aporte de aguas cargadas de hierro pertenece al sistema total. Es prácticamente constante desde las regiones húmedas e intermitente en las que sufren sequía, que generalmente son colindantes de las primeras. |
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Goso (1999) propone unir a la Fm. Mercedes y la Fm. Asencio en sólo una para luego dividirlas en miembros Chileno y Yapeyú y agregar una tercera separación en los Geosuelos del Palacio. En principio estaríamos de acuerdo pues se aprecia una intención de agrupar las rocas en perspectiva genética. Lo que él llama Fm. Mercedes-Asencio de índole sedimentario y por tanto período de rexistasia, y por otro lado el momento de biostasia reflejado en el paleosuelo. El problema surge cuando le asigna al "geosuelo Palacio" edad Paleocena-Eocena argumentando que sería la de los nidos fósiles, guiado por trabajos de Veroslavsky y Martínez (1997) y Tófalo y Pasos (1998) que no consideran que los depósitos conglomerádicos de Fm. Palmitas (Ford 1988) sean material transportado. Esto hace que nuevamente todo sea un mismo paquete junto con las corazas, y como consecuencia última otra vez se confunde un período árido erosivo de ice house con uno estable y adecuado para el green house. Además, por supuesto, a pesar de la intención mencionada de separar los paleosuelos de las sedimentitas, igual se les deja a todos dentro del Grupo Paysandú. Hay otro problema adicional a la propuesta de Goso. Él sugiere una sola formación sedimentaria llamada Mercedes-Asencio y un geosuelo por encima llamado Palacio. No habría mayores inconvenientes pues si le asignamos 4 ó 5 metros de potencia a éste último igual nos quedan muchos otros metros de espesor para identificar a la Fm. Asencio ó mejor dicho el miembro superior Yapeyú de la nueva Fm. Mercedes-Asencio. Pero qué hubiera pasado si la potencia del estrato sedimentario fuese más delgado que el espesor afectado por el paleosuelo, por ejemplo si superara al miembro Yapeyú y se internara también en el miembro Chileno. Según su metodología de separar formaciones el resultado estratigráfico ahora sería : nivel sedimentario llamado Chileno (ahora menos potente) y un geosuelo Palacio. De pronto vemos que un episodio deposicional (el miembro Yapeyú) desapareció de la columna estratigráfica. Por ese motivo es que nuestra propuesta reviste cierta originalidad buscando precisamente ponernos a salvo de errores imperdonables, que se podrían llegar a dar si las circunstancias fueran adecuadas (ver capítulo de conclusiones). |
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Con respecto a la edad de las formaciones debemos decir que no hay ningún argumento válido para asignar edad Eocena para las corazas más que tentativamente. Algunos autores dicen que en el Eoceno habría un clima tropical húmedo tanto aquí como en África del Sur, y seguramente fue así, pero no es evidencia en contra de que antes lo fuera también. Por otro lado, el sólo hecho de encontrar zonas aptas para dinosaurios e incluso para su nidificación, es más que prueba de un clima benévolo en las postrimerías del Cretácico. El primer ciclo erosivo constatado está en la formación de los conglomerados de Palmitas, anterior al otro episodio erosivo formador de Fm. Fray Bentos, del cual sí se sabe edad Oligocénica. Entonces tenemos que no hay evidencia en contra para pensar que desde los dinosaurios (Cretácico último) hasta el momento Palmitas, el clima se mantuvo sin mayores cambios, quedando entre medio la formación de las corazas. El problema se traslada entonces a dónde se ubica el instante Palmitas. Por lo menos antes del momento Fray Bentos (Oligoceno), pero puede ser inmediatamente antes. Ford habla de un primer registro, en los conglomerados, del proceso erosivo Fray Bentos. |
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Seguimos sin atar a una fecha la formación de las corazas, y ese es el estado actual de conocimientos. |
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Todo lo que se ha dicho son sólo opiniones ó gustos que parecen ubicarse justo en el medio del intervalo de edades posibles, como para no errar por mucho una vez se devele el misterio. Ford incluso titula su trabajo como "Asociación caolinita-montmorillonita en un paleosuelo del Terciario inferior del Uruguay" y no brinda prueba alguna de su edad. De allí en más se utiliza la edad Terciaria, más precisamente Paleocénica-Eocénica como dato aceptado en trabajos de distintos autores. Nosotros creemos que el nivel silicificado inferior a las corazas está también ligado a un proceso pedogenético. Los restos fósiles de dinosaurios incluidos en él reafirman por otro lado lo dicho. La sílice tiene una solubilidad muy baja, alrededor de 100 ppm, y esto siempre y cuando provenga de estructuras silicatadas desbalanceadas previamente por la meteorización (pérdida de cationes), porque si el punto de partida es el Qz entonces la concentración es casi nula. La serie de Bowen es elocuente y nos muestra la expectativa relativa de vida de diferentes tipos de silicatos en condiciones de intemperismo, quedando el Qz como prácticamente inalterable. Por eso cuando descubrimos que hay una acumulación absoluta de sílice (en contraposición con relativa) es claro indicio de que el sistema climático operante aportaba agua líquida en forma continuada e incluso abundante. No es el caso de otras sales como los cloruros, sulfatos y carbonatos, con KPS mucho mayores, a los que incluso regímenes de corte árido, con lluvias muy esporádicas, pueden llegar a hacer movilizar. Entonces una acumulación absoluta de sílice es sinónimo de buena disponibilidad de agua líquida en el medio, el que sin duda en consecuencia habría desarrollado algún tipo de suelo. Las corazas por encima siguen siendo prueba de pedogénesis, pero ahora más tropical. Por lo tanto es perfectamente posible que se trate de una secuencia evolutiva edáfica. Además, lo más lógico es pensar que después de un clima árido las condiciones fueron mejorando poco a poco y no instantáneamente. En definitiva, como resultado de esta hipótesis, aparece una posible edad para las corazas en el Cretácico mismo. NOTA : Quizás algún día el nivel endurecido por sílice de las arenas Triásicas de la Fm. Tacuarembó, que provoca las características geoformas de cerros chatos, sea también explicado así. |
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| CONCLUSIONES | |