cuentos originales de catalino

El sueño del gordo

Yo soy un flaco interior a pesar de mis ciento veinte kilos. Aunque antes no fui así.

Esta tirantez de botones, la incorporación de la ropa a la piel, el jadeo que me produce trepar los peldaños de la escalera, aparecieron por la cincuentena de la vida para sorpresa mía, primero, y después estupor. La mirada sesgada de las vidrieras empezaron a devolverme un perfil nuevo, desconocido.

- ¿En verdad soy éste?

Y lo era y lo seguí siendo hasta hoy.

Más flácido, más redondo, tibio mejor. La obesidad es una enfermedad se dice en los últimos tiempos y como toda enfermedad que no produce dolores intensos, uno la va incorporando al núcleo de las amistades. A los dolores también nos acostumbramos, pero nunca serán amigos aceptados.

Lo real es que por las noches llevo a la cama mi humanidad pesada y la duermo. Entonces pienso que dentro de mí hay un joven delgado, sin abdomen, lleno de músculos y vitalidad. Así como se dice que en el interior de los bloques de piedra hay estatuas escondidas, en esta bola de grasa sufriente hay un Apolo no imaginado sino que fue real alguna vez y al que no cuesta mucho recordar todavía.

El sueño me rejuvenece.

Y cuando en el sueño, sueño, jamás soy este de hoy tecleando en la computadora, alentado por la vieja rutina de una Coca-Cola a mano, sino aquél que entrenaba en la pista de atletismo, o jugaba fútbol, o corría por la playa admirado por las muchachas de la época.

¡Seguí durmiendo gordo!

 

 

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