Johnny Gutiérrez. Yo me
llamo Johnny Gutiérrez. Papá salió para el juzgado acompañado por
dos de mis tíos, Osvaldo y Gabriel, que servirían de testigos de mi
nacimiento.
Mamá decía que sus
cuñados tenían nombres de dueños de sastrería; como no conocí
ninguna sastrería no puedo saber el sentido que esto tiene.
Mi madre le dio a mi
padre un papelito donde había anotado el nombre que quería que me
pusiera: YONI. El empleado del juzgado abrió el libro de anotaciones
y empezó a escribir todo eso de “En ...Montevideo......y
el día....nueve de marzo....de mil...
novecientos ochenta y ocho... ante mí.....Jorge
J. Gurméndez..... Oficial de Estado Civil....” Luego de
ciertas precisiones y de decir que el recién nacido era de sexo
masculino termina con... “y que a la expresada criatura se le pondrá
el nombre de .............”. Gurméndez levantó la cabeza y miró a mi
padre.
Papá le alcanzó el
papelito. El Oficial de Estado Civil dudó un instante antes de
preguntar:
_ ¿Lo quiere escribir así
o en inglés?
_ Eso es inglés me dijo
mi mujer.
_ Verá - argumentó el
funcionario acostumbrado a lidiar con barbaridades idiomáticas -, en
inglés se escribe así, y lo puso al lado de lo escrito por mi madre:
Johnny. Le digo esto porque después cuando los muchachos son mayores
se avergüenzan de las faltas de ortografía. Mi padre miró a mis
tíos, los sastres, que asintieron con la cabeza. Por eso me llamo
Johnny.
Los años pasaron mientras
yo exhibía con orgullo mi nombre auténticamente inglés. Un compañero
de primaria se llamaba Jhony. ¡Pobre! Una amiga de mi hermana era
Audrei.
Una chica empezó a
gustarme. Averigüé su nombre: Scarlett. Le escribí una carta por
intermedio de una amiga común. “Scarlett: todas las noches pienso en
ti. Quisiera sentir el calor de tu cuerpo dormido junto al mío. No
lo tomes a mal, pero así te siento. Con amor, Johnny”
Me contestó de inmediato.
“Johnny: no te apures que para todo hay tiempo. Agradezco tus
sentimientos hacia mí. Escarlé”
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