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Pobre Argentina

Un amigo argentino me envia el texto de más abajo que transcribo totalmente incluyendo el origen (la fuente) que me ha dado mucho dolor en el alma.

Me parece increible lo que sucede (y no creo que sea de ahora) lo que relata y más increible me parece como es ignorado el hecho de la cantidad de gente que se muere de hambre y vive en una total indigencia.

Son demasiadas personas …. me parece …. el 66% del pueblo argentino. Al mismo tiempo que miles de ARGENTINOS se mueren podemos apreciar a un grupito de personajes mal llamdos “ambientalistas” que piquetean un pais pequeño porque sino nomás ya que hace más de un año la fabrica de celulosa esta funcionando a full y el agua y el medio ambiente sigue igual que antes, cero contaminación mientras su provincia y el pais no da para mas la contaminacion de iguales fábricas pero obsoletas. Estoy seguro que a ninguno de estos piqueteros patoteros se ha de ocurrir piquetear a nadie por los aborigenes que se meuren en su país. ¿Sabe porque?. Porque no hay plata para ganar … es así y nada más.

Entonces me pongo a pensar quien maneja el país? Para que lado lo están llevando?. Este tema de moda de los gobiernos de “izquierda”, “socialista”, “progresista” como que no me convence, como que es el mismo perro pero con otro collar y que los vicios viejos siguen muy de moda y peor aún, en varios paises algunas decisiones rozan con la dictadura. Como que no se entiende. Mientras matan a un maesgtro por un reclamo justo permite que estos atorrantes corten una ruta nacional / internacional como si nada. ¿Donde está el gato….? Mejor, donde está la plata? ¿Quien está cobrando?

Termino con la tristeza y la pena de la impotencia y con lafirme esperanza de que algun dia habrá justicia.

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Viaje, Señora Presidenta

Fuente: http://www2.lavoz.com.ar/08/04/19/secciones/opinion/nota.asp?nota_id=182094

Vd. debería viajar hoy, Día del Aborigen Americano, pero algunos problemas (causados por golpistas, naturalmente) la retienen lejos de las tierras que pertenecieron a los hombres de los orígenes.

Juan F. Marguch
Periodista / La Voz del Interior

Señora Presidenta de la República, ha realizado Vd. un noble gesto humanitario al viajar a París y participar de la marcha organizada por organizaciones defensoras de los derechos humanos para reclamar la libertad de Ingrid Betancourt, que desde hace seis años sobrevive en el inicuo cautiverio inferido por la organización de narcoguerrilleros colombianos Farc, que con sus iniquidades ha perdido todo vestigio de fuerzas revolucionarias. Su actitud conmovió por su sentido solidario.

Desde luego, existen inconformistas que critican su voluminosa agenda de viajes al exterior y su vestuario, pero no les haga caso: son golpistas.

Bien sabemos los argentinos que todas las críticas que se le hacen son golpistas y genocidas. No integro esos grupúsculos antinacionales y antipopulares, lo que me permite sugerirle que incluya en su infatigable agenda un viaje no proselitista ni protocolar, y que lo realice el próximo 9 de agosto. Sería un viaje singular, porque se haría dentro de nuestro sagrado territorio, genialmente unitariado por el kirchnerismo sin coparticipación alguna.

Sería el último idiota del planeta si dijese que el 19 de abril se celebra el Día del Aborigen Americano, simplemente porque los aborígenes americanos no tienen nada para festejar. (Observará Vd. que utilizaré frecuentemente el término aborigen en lugar de indígena o indio, porque aborigen significa “desde el principio”,”desde los orígenes” de los asentamientos humanos en la tierra americana.

En realidad, Vd. debería viajar hoy, pero algunos problemas (causados por golpistas, naturalmente) la retienen lejos de las tierras que pertenecieron a los hombres de los orígenes. ¿Por qué, entonces, el 9 de agosto? Porque es el Día Mundial de los Pueblos Indígenas (expresión aceptable con las debidas reservas en atención al carácter internacional de esa jornada). ¿Y por qué viajaría Vd. dentro de nuestras fronteras? Porque en la República Argentina viven 400 mil aborígenes nacidos en 22 pueblos diferentes, de los cuales las comunidades mapuche, kolla, toba y wichí representan el 66,2 por ciento del total nacional.

Con sus descendientes, los aborígenes suman unos 900 mil habitantes; gran parte de ellos son argentinos cuando son acarreados para votar. Presumo que cuando Vd. inicia sus discursos lectivos (o electivos, da igual) con su apelación a “hermanos argentinos”, “hermanas argentinas” tendrá presentes a los hermanos aborígenes. En fin de cuentas, Vd. vivió durante varias décadas en el sur, donde sobreviven los mapuches, y habrá advertido la explotación y marginación que sufren.

Explotación y marginación que alcanzan trágica intensidad en el noroeste argentino, en el llamado Gran Chaco, que comprende extensas regiones de Santa Fe, Chaco, Formosa, Salta y Jujuy, y alberga a la mayor cantidad de etnias del país: tobas, pilagás, mocovíes, wichis, chorrotes, chulupies y chiriguanos-chanés. Agonizan entre penurias de todo orden. Preservan sus tradiciones ancestrales, y el más enaltecedor ejemplo para las comunidades arias, degradadas moralmente por su afán de acumulación capitalista (sin alusión, líbreme el cielo), es la distribución que realizan los tobas de sus escasos y pobrísimos bienes comunitarios; a nadie se desconoce el derecho a recibir su parte. Practican lo que Vd. siempre menciona en sus discursos lectivos o electivos: una justa distribución de la riqueza. En sus casos, una justa distribución de la miseria.

Según un relevamiento realizado por la Iglesia Católica en alrededor de 900 comunidades aborígenes diseminadas en todo el país, dos tercios de ellas no cuentan con los títulos de propiedad de sus tierras. “Ante esta situación –denuncia la jerarquía católica en un informe difundido en setiembre último– son susceptibles de presiones para que abandonen su suelo a fin de dejarlo libre para los emprendimientos empresariales (…). En otros casos estas presiones toman la forma del olvido y abandono por parte del Estado”.

La deforestación salvaje que perpetran los grandes grupos económicos para sojizar esas tierras provoca la emigración de especies animales que desde siempre sirvieron de sustento a los aborígenes. Es tanta la miseria, Señora Presidenta, que en la comunidad wichi se produjo recientemente un hecho apenas imaginable en el África subsahariana, pero perfectamente posible en la Argentina subsahariana.

En Miraflores vive Elvira Toto con su marido, sus cuatro hijos, dos nueras, tres nietos y un allegado; se hacinan en tres pequeños ranchos de palos entrelazados. Sucedió que su única chancha parió cinco lechones, y para cuidarlos mejor tomaron una decisión que lacera el alma por la inhumanidad que supone el genocidio en un país que crece a “tasas chinas” y pretende ser emblemático por su defensa de los derechos humanos: Elvira y su marido desalojaron a los miembros de la familia que ocupaban el rancho más grande e instalaron allí a la cerda y a su cría para protegerlos de bestias y alimañas.

Esto sucede en la República Argentina que Vd. preside, Señora; en la Argentina que anualmente produce alimentos para 330 millones de personas, excluidos naturalmente ciertos “hermanos argentinos”, “hermanas argentinas”.

La brecha entre pobres y ricos. Señora, Vd. acostumbra a incluir en sus discursos lectivos lo mucho que está haciendo el kirchnerismo en favor de una más justa distribución de la riqueza, pero las propias estadísticas oficiales morenizadas se obstinan en revelar que la brecha entre los hermanos más ricos y los hermanos más pobres se hizo más ancha y profunda casualmente en los últimos cinco años, y es hoy una de las más grandes del mundo. ¿Sabe qué, Señora Presidenta? De momento, los aborígenes preferirían una más justa distribución de la comida. Después hablarían de sus tierras usurpadas.

¿Podría sugerirle algo, Señora Presidenta? No deje la distribución de alimentos y medicamentos en manos de funcionarios y punteros, porque son mercenarios.

Asigne esa tarea a ONG como el benemérito Centro Nelson Mandela y a las iglesias de varias profesiones de fe. Tal vez se pierdan así algunos votos, pero los alimentos y medicamentos llegarían limpios del lodo que dejan a su paso esos mercenarios que infaman a la democracia.

Hágalo por los que mueren por hambre, aniquilados por la tuberculosis, la desnutrición, el Chagas, las enfermedades venéreas, la brucelosis, causadas todas por una dieta alimentaria descompensada, basada en maíz, zapallo, carne de cabríos y pescado, fruta y casi nada de verdura. En miles de hogares aborígenes, la única comida del día, y todos los días, es la llamada “torta parrilla”: un kilo de harina, mezclada con agua, y cocida como un pan casero.

Rolando Núñez, titular del Centro Mandela, afirmó que “sólo con eso pueden comer por varios días más de ocho personas, aunque respetando un orden doloroso: primero los chicos y después el hombre de la casa, porque luego deberá salir a cazar. Lo que queda, para las mujeres y los ancianos”. De allí que más del 80 por ciento de la población indígena padezca de desnutrición.

Señora Presidenta: ¿sus asesores le hablaron de Rosa Molina, toba que murió el año pasado? Tenía 56 años de edad y al morir pesaba 24 kilos; estuvo internada en el Hospital Central de Resistencia, con 30 kilos de peso; los médicos le dieron el alta hospitalaria y se negaron a seguir atendiéndola.

Murió en La Plata, relativamente cerca de la Casa Rosada. El 31 de octubre último murió en el Chaco una bebé toba, Valentina Oriburo, de sólo 21 meses de edad. De tuberculosis agravada por desnutrición.

¿Le habrán informado acaso, Señora Presidenta, de la muerte de la pequeña toba Damaris López, de 11 meses de edad, muerta por diarrea y deshidratación?

¿Y del hijo de Adriana Ávalos, muerto al día siguiente de su nacimiento, porque la enviaron con su criatura de regreso a su rancho, a pesar de complicaciones posparto? ¿Y del neonato hijo de Vilma Segundo, muerto por un cuadro infeccioso y sin atención médica? ¿Y del estremecedor destino de Amelia Ramírez, de 13 meses de edad y agonía, y apenas 6,800 kilos de peso; también por diarrea seguida de deshidratación, enfermedad que entre los aborígenes chaqueños duplica la media nacional?

Viaje, Señora Presidenta. Hágalo el 9 de agosto. No necesitará salir del país ni transportar un cargamento de ropas firmadas y carteras de Prada y Vuitton; en fin de cuentas, un toque de estilo safari sigue manteniendo en las regiones subtropicales un no sé qué de seducción fashion. Visite ese día alguna comunidad aborigen. Tendrá así información de primera mano de las aberraciones que perpetran funcionarios y punteros: los primeros en asistencia sanitaria, vivienda y educación y desposesiones fraudulentas de las tierras; los otros en la distribución de alimentos y colchones.

La simple visión de la Argentina subsahariana la impulsará a rechazar las mentiras aleves de los funcionarios y el servilismo rentado de los punteros; ellos, por incapacidad, colusión con intereses espurios y vocación mercenaria, infaman a la democracia, hasta a la democracia kirchnerizada. Buen viaje.


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