La comisión se componía de dos mujeres y un hombre negro que era el que manejaba la camioneta 4 x 4 del Instituto Nacional de Estadísticas. Se detuvo el lunes de mañana frente al edificio de la Junta Local. Pedro vio como don Carlos se adelantaba a saludar a la comisión. Aunque era demasiado temprano, afuera había tanta gente como en los días festivos, es decir, veinte o treinta del total de sesenta y dos, si tenemos la misericordia de contar a Josefa Ríos entre los vivos a pesar de su estado comatoso después del accidente.
Carlos Álvarez Gómez presidía la Junta desde siempre, y como el cargo era honorario nadie tenía deseos de sustituirlo. Además, daba mucho trabajo mantener el orden del poblado, requería estar casado con el pueblo, tal como protestaba la mujer del gobernante. Su calidad de almacenero junto al don de gente que le venía de los Gómez, lo convertían en un personaje insustituible: don Carlos. Él fue el que le tendió la mano a la mujer gorda y baja vestida con una blusa floreada y una pollera blanca, todo apropiado para el calor de la mañana de verano. Un enero del hemisferio austral, en palabras de la maestra del 5° grado. La otra mujer, más alta y mucho más flaca, era desenvuelta y avanzó con paso rápido, sorprendente para el lugar. El hombre negro con traje azul quedó unos metros atrás, y sólo avanzó con el brazo horizontal y la mano abierta cuando don Carlos lo igualó en el saludo con las otras personas.
Por los gestos advertidos a la distancia el Presidente los quería hacer pasar a todos al fresco interior del local, pero el negro chofer gesticulando negativas con la cabeza señaló la plaza y hacia allí fue, hacia el banco de la María en el que nadie se sentaba porque en él, María Gómez, una tía abuela de don Carlos, había tomado cianuro a principios del siglo. Mal de amores, decían.
Se supo luego que Estadísticas había elegido a nuestro pueblo para hacer un experimento genético, concepto totalmente desconocido en el lugar. Se les sugirió a las dos mujeres que volvieran el domingo de mañana para informar a toda la población, convocada a los efectos en el club social, sobre un punto tan "intelectual" y desconocido. La comisión se fue, no sin antes pedir que se le precisara la hora con exactitud. No quedaron conformes los visitantes cuando les dijeron "antes de comer" y hubo que fijar la reunión para las 11 AM.
Don Carlos contó brevemente algunas cosas, y otras las ocultó, por ignorancia, en el "secreto del sumario". El secretario rentado de la Junta se corrió hasta la pieza que oficiaba de biblioteca para buscar en el diccionario Larousse, "genético", que era la única palabra que flotaba en el aire del pueblo después de la breve visita. El diccionario era del año 50 y de genético no decía nada. Lo más cercano, antes y después, eran "génesis" y "genetlíaca". Lamberto, el apellido del secretario, estudió cuidadosamente los significados, porque quería sorprender a todos con una explicación que contribuyera a su propia jerarquización cultural. La primera palabra, en dos acepciones, tenía que ver con la Biblia y con los negocios. En este último caso decía, concurso de hechos que concurren en la formación de una cosa: la génesis de un negocio. La segunda, para Lamberto, era la correcta: horóscopo. Y horóscopo, que viene del griego, quiso decir en un principio, examinar la hora, y la explicación actual (Larousse, amarillo 1950, sin tapas), observación que hacían los astrólogos del estado del cielo en la hora del nacimiento de un niño, y por la cual pretendían adivinar los sucesos futuros de su vida.
Lamberto era de Acuario y su mujer de Géminis. Pedro de Piscis, y don Carlos dijo que se dejaran de pavadas, que si bien él no había entendido del todo lo del experimento genético no creía que tuviera que ver con los astros y todas esas cosas, aprovechando de paso para reprocharle a Lamberto que anduviese haciendo pesquisas secretas prohibidas por la Constitución y sacando conclusiones de un diccionario comido por las polillas. Pero el tema del horóscopo estaba instalado con la intensidad que suelen tener los acontecimientos en los lugares donde nunca pasa nada.
Excepto Cosme, que alguna vez fue sastre, todos creyeron en la versión astrológica de Lamberto. Cosme, ensimismado como todos los de su oficio, opinó, mirando hacia el suelo, que esa gente tenía otras intenciones. Cuando nadie le pidió más precisiones, volvió a lo suyo que era tomar mate en largas y silenciosas chupadas. El padre de Josefa Ríos confesó, por primera vez, que la semana del accidente el horóscopo de la muchacha, Piscis, sentenciaba que "va a estar rodeada de mucho cariño, pero cuide las salidas fuera de su casa". El accidente fue en la ruta que lleva a la carretera principal del norte, en tarde de lluvia, una caída brutal con su moto Yamaha desde el alto de la curva del Cerro Viejo. El cura que da la misa mensual los últimos viernes de tardecita no aprobó la intromisión del Estado en la vida de las personas y recordó que el Santo Padre, de Tauro, ha desaprobado con firmeza esta especie de costumbre pagana en la que creen especialmente las mujeres. La población se empezó a agrupar por signos del horóscopo y advertir que los del mismo signo tenían iguales manías. Los de Acuario, que son imaginativos y creadores, empezaron a hacer cosas bastante disparatadas, las que no se cuentan aquí porque en el corto lapso en el que en verdad va a transcurrir esta historia no tuvieron mayores consecuencias. Se juzgó necesario enriquecer la biblioteca pública con el libro "¿Qué le depara su horóscopo?, escrito por el Príncipe Sandor, el que es conocido por su audición radial de la tarde. La presión sobre don Carlos la ejerció, sin miramiento alguno, su propia mujer cuando el gobernante quiso oponerse a gastar dineros públicos en la obra de un buscavidas que se mostraba disfrazado con turbante y collares. El libro se compró. Fue la primera incorporación luego de los diez tomos comprados hace años al consejero Rollim de su obra “Por qué estoy con el proceso”, espectacular best seller durante la ominosa dictadura de la que se pudo salir tan a duras penas.
No se habló de otra cosa más que del horóscopo desde el lunes al domingo a las 11 AM.
-El club social, cuyo verdadero nombre era Club Social y nada más, siempre fue el punto de reunión de cuánta cosa pasa en el pueblo. Tiene un gran salón de actos al que se le llama el salón de actos, una secretaría, un bar, dos baños cuyas puertas dicen ellas y ellos, unos techos altos y un fondo grande con galpón guarda cosas, ventanales mezquinos con algún vidrio roto, y varias humedades que suben mapeando las paredes pintadas el año de las elecciones a la cal en verde claro, para remediar la falta de luz externa según la explicación de la comisión cuando se le criticó el tono verde cotorra de los muros.
-Los vecinos llegaron temprano, la mayoría con sillas y bancos porque el club social no dispone de más de una docena de sillas. La comisión instaló una mesa forrada de papel azul, al frente para la comitiva, don Carlos y las autoridades, con un vaso y una botella de agua mineral. Aunque se recomendó que no fueran niños, no hubo manera de evitarlo. ¿Dónde lo voy a dejar?, fue la explicación de casi todas las mujeres.
-Buenos días -empezó la mujer alta. Supongo que don Carlos Álvarez les habrá explicado el motivo de nuestra presencia. Por lo tanto iremos directamente a la metodología de trabajo, muy sencilla y rápida en su etapa de pesquisamiento, aunque muy compleja en los análisis de laboratorio que determinarán el ADN de cada uno de Uds. Saben, por supuesto, que se ha descifrado el genoma humano, un gran paso para la ciencia, tan importante como el de Amstrong en la Luna, el descubrimiento de América, o la invención de la rueda. Esto último sorprendió a muchos.
Un rumor, algunas toses.
- Deben saber que ésta es la primera localidad seleccionada para este tipo de investigación, por lo tanto están entrando en la historia científica del país. El nombre de la localidad y el personal de Uds., en los casos que lo deseen, serán divulgado para que se sepa de quién desciende cada uno y en dónde viven. Como le explicamos a don Carlos, haremos el mapa genético del pueblo y luego lo compararemos con los genomas de personas notables cuyas fichas obran en poder nuestro.
-¿Cómo? ¿Y el horóscopo?
-Perdón, señor. ¿Qué horóscopo?
Nadie miró a Lamberto, pero él enrojeció hasta las uñas de los pies.
Y este es el inicio de como Pedro se enteró que, por algún conducto desconocido, era descendiente de José Artigas. Y eso cambió su vida.